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Galicia
Viejos montes
de relieve lamido por la erosión y frondosos
valles surcados por mil ríos. El verde claro de
los prados, el verde esmeralda de los cultivos y
el verde oscuro de los bosques. Aquí y allá se
asientan pequeñas propiedades, una finca de
patatas, otra de maíz, sin olvidar las huertas y
las vides, que enseñorean las orillas de los
ríos mayores. En los cerros la masa forestal, en
el medio las praderías donde pacen las vacas,
los animales totémicos de la Galicia agraria. He
aquí un paisaje que a los gallegos les gusta
decir humanizado, donde la distancia entre los
lugares no es mucha y donde los parajes
inhabitados son siempre de poca extensión. En
los rincones más apartados, las fragas, el
bosque antiguo y misterioso de brujas y de la
Santa Compaña……..
En estas horas bajas no podemos olvidar su
turismo rural, el turismo de interior, el
costero, el gastronómico, en fin, esas visitas a
Galicia que acompañan a nuestras vidas, ahora,
después de los incendios, el ave Fénix que es el
verdor de la hierba, vuelve tan solo unas pocas
semanas después del desastre, con su Orballo,
con sus pulperías de aldea, con sus parrilladas,
sus Pazos de piedra y sus casas rurales
estupendas.
Paisajes de Eucaliptos, traídos hace siglos
de Australia por monjes de orígenes Gallegos,
vuelven a renacer incluso desde sus troncos
serrados, para ofrecernos su frescor, al nativo
y al visitante, su costa ofreciéndonos playas
salvajes, incluso con vegetación de pinos
y sobre todo ese olor de heno cortado.
Queremos volver a hacer turismo en sus casas
rurales, probar sus carnes y mariscos, beber ese
Albariño y ese pan Gallego.
Volveremos pronto para verla como siempre y
disfrutarla como nunca, inmensa y abierta al
viajero. Galicia es poderosa, Galicia sigue
siendo verde
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